febrero 08, 2008

¡En guardia!


Cuando Francisco vio que media escuela le venía para arriba, lo único que pudo intentar fue correr, pero no pudo. Un profesor de aquella secundaria básica en el campo lo detuvo. Hizo lo mismo con los alumnos y profesores que le venían con ganas. Francisco se iba por el Mariel y la dirección de aquella beca en San Antonio de los Baños le quiso dar su merecido. Sin embargo, a la mayoría de los estudiantes no les importaba que se fuera del país. Era una especie de venganza. Francisco había sido uno de los principales abusadores en la escuela. Con su tamaño y fortaleza, que sobresalían entre los estudiantes de octavo grado, se la pasaba dándole galletas a quienes no cumplieran sus órdenes o promovía dar golpes y echar pasta de diente mientras dormían a quienes consideraba sus adversarios o a los llamados “trajines”. Pero nunca fue recriminado por los directivos. Francisco era jefe de albergue; cumplía a su manera las órdenes del responsable de vida interna para mantener en cintura el recinto.
Francisco no era un caso aislado. La regla de muchas de las becas y escuelas al campo del régimen castrista siempre ha sido mantener la disciplina sobre la base del miedo, ese que llega en los brazos de los más fuertes, los más guapos, los dispuestos a todo, incluso a la violencia. Es una manera también de los directivos para controlarlos: les dan poder y los ponen de su lado. Levante la mano el becario cubano que no tuvo a un Francisco entre sus jefes, y que no sintió el deseo de rajarle un palo por la cabeza. Francisco se fue para Miami sin recibir un solo golpe de sus subordinados. El profesor-jefe de vida interna, que una vez le dio autoridad, lo impidió. “No ganamos nada con la violencia”, dijo. “Ya tiene su merecido: la condena de todos por ser un gusano”.
Cuando leemos la noticia publicada por Penúltimos Días y posteriormente ampliada por Cubaencuentro sobre la muerte de un niño de 12 años, tras ser golpeado con una silla lanzada por su maestro emergente de solo 17 en una escuela en Lawton, no debería sorprendernos mucho, aunque nos duela. La improvisación ha estado presente en el sistema educativo de los últimos 50 años en la Isla. Y con ella, la violencia. No podía ser menos: ambas han sido partes intrínsecas de la revolución de Fidel Castro.

Foto © Javier Arcenillas

8 comentarios:

cubanito dijo...

Interesante posting que me recordo a los personajes del libro de Solzhenitsyn sobre los campos del antiguo GULAG en la URSS. Tambien alli los delicuentes, guapetones y abusadores natos eran aliados de las autoridades comunistas y cometian todo tipo de abusos contra los prisioneros politicos que eran la mayoria de los que estaban "adentro".
Pareceria ser que los comunistas cubanos copiaron mas de unas cuantas cositas en asunto de control e inspirar miedo, de los antiguos camaradas sovieticos.

Bauta dijo...

Bueno Mickies, la verdad es que lo del más fuerte aliado a las fuerzas del poder por conveniencia mutua no es un fenómeno cubano. Eso se ve en todo el mundo y en todos los medios. Lo inaceptable en este tristísimo caso es que el “bastión de la educación” en América Latina tenga que usar adolescentes sin preparación ninguna para que ejerzan el magisterio.
Desgraciadamente 17 años de vida no bastan para ser maestro de nada. Y lo digo de buena tinta, porque yo viví la experiencia desde ambos lados del asunto.
Recuerdo que cuando cursaba quinto o sexto grado nos asignaron una muchacha muy joven, una “Makarenko” para impartirnos geografía. Los varones del aula nos la pasábamos comentando lo buena que estaba la profe. Un día, aparentemente frustrada por no poder llegar a ser tomada en serio por sus alumnos y a pesar de su formación pedagógica, la chica le rompió un puntero en la cabeza a Rogelio, uno de los más jodedores de la clase. Nunca más la vimos.
Años más tarde por circunstancias que solo se dan en Cuba, me toco a mí ejercer de maestro por un año en un tecnológico de la Habana. Lo hice, por obligación y logre pasar el año sin grandes contratiempos, pero igual les digo que en varias ocasiones a punto estuve de bajarle un pescozón a varios de mi estudiantes. Y es que es difícil ser maestro, en un país donde la gente asiste a clases porque no queda mas remedio, a sabiendas de que el tiempo que pasan en el aula estaría mucho mejor empleado construyendo remos. Es en extremo difícil, especialmente cuando entre maestro y alumno no media ni un quinquenio.

Anónimo dijo...

Excelente post. Fui carne de beca toda mi vida y la descripción es exacta. Las normas de funcionamiento son presidiarias. De la autoridad hacia el becado y entre becados. El tal Francisco es una versión tropical del kapo, salvadas las consabidas distancias.
Iván

Anónimo dijo...

Coño que memoria..yo me acordaba pero con algunos detalles. Asi mismo fue.
Saludos desde Texas

Anónimo dijo...

por suerte las armas en cuba son las sillas, en usa son automaticas y matan a 10 de un viaje
Mochita

analista dijo...

cubanito

Los nazis utilzaron el mismo método en los campos de concentración.

Lo de los maestros emergebtes es tétrico, Por una parta asesinan la mente de los adolescentes, pues ni escribir bien saben, y ahora matan físicamente.

LOS MIQUIS dijo...

gracias a todos por los comentarios. bauta llevas mucha razón en tu comentario. como dices, la alianza poder-fortaleza por conveniencia mutua no es un fenómeno cubano. pero lo que siempre nos molestó es que nos dijeron que aquello era la sociedad del "compañerismo, la solidaridad, el destacar a los mejores, que los mejores estuvieran en los puestos de avanzada, de vanguardia" sin embargo, al menos en nuestra experiencia de las becas, que no son todas por supuesto, lo que siempre prevaleció es ver en las jefaturas a los más fuertes, a esos que eran capaces de usar la violencia por encima de todo para imponer la disciplina. ¿y los valores que nos decían? bien, gracias.

Bauta dijo...

Hey Micks,
No hubo intención de contradicción en mi comentario. Yo también fui becado y desgraciadamente también supe lo que es un director de vida interna o un jefe de albergue. Por cierto, me acuerdo ahora que hablo de eso, de Alberto, un jefe de limpieza medio analfabeto y muy aficionado a tirarle una de sus super-lustrosas botas centauro por la cara a todo aquel que se le sublevara aunque fuere medianamente.
El funesto personaje disfruto de una vida alegre y disipada en la escuela hasta una noche en que delante de todo el albergue, hubo de tener un infortunado encuentro con un tubo de litera en las manos de un friqui que a estas alturas, prefiere permanecer anónimo. Después de aquello, muy manso el tipo.
Saludos!