
Cuando Ana, Germán y Aris, los integrantes que iniciaron el grupo Los Tres de La Habana comenzaron a llorar en un programa de la televisión local de Miami, muchos de los presentes pensaron que lo hacían por la familia, los amigos, la fama, el público y la obra, que habían dejado en Cuba tras su fuga a Estados Unidos. Y tenían algo de razón, incluso, porque de alguna manera ellos lo dieron a entender cuando en el entrevistador les preguntó el por qué de sus lágrimas, aunque sin dar muchos detalles en su respuesta.
Durante mucho tiempo, Ana Páez y Germán Pinelli solicitaron a todos los niveles de las autoridades cubanas la posibilidad de que su hija más pequeña saliera con ellos a alguna de sus actuaciones internacionales. Así lo hicieron una vez más para su reciente viaje a Cancún, México, pero siempre recibieron un no por respuesta, entre ellas la de Abel Prieto, el melenudo ministro de Cultura.
En medio de ese proceso y a solo unos pocos meses antes de su partida para el balneario mexicano, la niña cayó enferma. Había contraído un estafilococo. Solo duró dos días. Tenía dos años y medio. Su muerte, confesaron a los productores después del programa, aceleró la decisión de salir definitivamente de la Isla. Los Tres de La Habana habían llorado, más que todo, por ella.
Foto © Jeffrey M. Boan, El Nuevo Herald

