septiembre 04, 2007

Paranoia a lo cubano (a propósito de La Lista de Furry, de Yodel Pérez Pulido en Cubaencuentro)

¿Qué hacer con mi libertad? La pregunta me la hice por primera vez un día en que mi esposa, como casi siempre, me trajo a la realidad. Acabábamos de comprar un televisor y un equipo de DVD nuevos. Eran los primeros equipos que adquiríamos juntos después de unos dos años residiendo fuera de Cuba. Casi llegando al apartamento donde vivíamos, le dije con toda la seguridad del mundo: “Menos mal que está lloviendo y que no hay nadie afuera en la cuadra. Así no ven lo que compramos”. Mi esposa me miró y con una carcajada me dijo: “Cariño, despierta, que no estamos en Cuba”.

Como me sucedió a mí esa vez, estoy seguro de que le ha ocurrido, en alguna que otra ocasión, a muchos de los cubanos diseminados por todo el planeta: una mirada hacia atrás antes de hablar algo comprometedor por si hay algún “chivato” cerca. Conversar bajito o en clave por si existe algún “micrófono”. Sospechar de quien usa camisita de cuadros, pelo corto y bigote, porque tiene toda la pinta de agente de la Seguridad del Estado. Mirar de reojo a un cubano recién llegado, porque tal vez pueda ser un “infiltrado de Castro”. O no meterse en política ni hablar por los medios de comunicación en contra de “aquello” para poder entrar nuevamente al país. ¿Acaso sabías cuánto valían, en términos de salario real, tus estudios, tu experiencia profesional y tu talento en la primera entrevista de trabajo que tuviste fuera de Cuba? Lo más probable es que, como yo, no tuvieras en ese momento ni la más remota idea.

Por eso, si me preguntan cuál es uno de los retos más difíciles para quienes lideren un proceso de cambios en la era post-Castros (y lo digo en plural), sería el de ofrecer todas las garantías a los cubanos para que aprendan a manejar responsablemente su libertad individual. Pudiera parecer sencillo. Pero desde Madrid a Miami la vida cotidiana de mis coterráneos demuestra que no basta con un cambio de sistema. Tengo una amiga que, viviendo en la capital española, pasó tremendo susto y casi se le “parte el cuello” por mirar a todos los lados, cuando alguien gritó en el Metro: ¡Abajo Fidel! Y es que la “paranoia de persecución” está tan arraigada en la mayoría de nosotros como la necesidad de caerle en masa a las bandejas de comida en las fiestas.

Foto: Policías caminan por La Habana (EFE)

1 comentario:

garrincha dijo...

pues no es jamón, no.
el pocholismo cala hondo, como el repelex de antaño.