octubre 26, 2007

Gozar, comer y partir


Foto: El tan ansiado permiso de salida de los cubanos. (br.geocities.com)

Estos son los verbos más conjugados actualmente en la Isla, según el director cubano Arturo Infante, en su documental de sendas historias sobre cada verbo.

Este documental reaviva de alguna manera una polémica que gravita sobre la solución del drama cubano bajo el régimen castrista: ¿Es el momento de salir de Cuba o de quedarse para acabar con el régimen desde dentro, de donde debe salir la solución?

La respuesta no es sencilla. La propia naturaleza represiva del régimen, incluso hasta la suerte geográfica de haberse instalado en una isla, lo demuestran. Por ello, la emigración cubana, como todas bajos un régimen dictatorial, tiene dos grandes razones: obligada por el régimen (la expresamente política, los presos, torturados, amenazados de muerte) y la escapista (aquella que no siempre logra entender que detrás de su frustración económica, profesional o personal, hay un componente político que es la falta de libertad para desarrollarte como individuo, y solo ve la necesidad de buscar una mejor vida aunque sea en la “conchinchina”.

Ninguno de los que estamos en el segundo grupo, que es el mayor, el que nunca puso un cartel contra el gobierno, participó en una manifestación opositora, firmó una declaración de cambios ni fue torturada en una mazmorra castrista, tenemos derecho a juzgar la salida de nadie y menos la de quien se vio forzado a abandonar la Isla por el temor a perder su vida ante las amenazas y la represión castrista. Para este grupo, se cumple aquello demostrado a lo largo de la historia cubana de que no es una mayoría la que ha estado dispuesta a poner el muerto en la contienda. Y el miedo es un derecho de todo ser humano.

Pero lo cierto es que cada vez que una persona con al menos el deseo de cambios en Cuba y de acabar con ese régimen, toma la salida sin regreso del aeropuerto internacional José Martí o se lanza a la mar arriesgando su vida, es una victoria para Castro y su pandilla, una válvula menos de presión en la que dedicar tiempo para aplastar.

Si cada uno de esa mayoría de los que decidimos abandonar el barco con la esperanza de buscar una mejor vida, hubiéramos ido un poco más allá dentro de nuestras aspiraciones de transformar la realidad cubana, en vez de salir de la Isla, hoy los más de 250 presos políticos que sufren los rigores de las cárceles castristas no estuvieran solos. Quizás hubieran sido más. Tal vez ya no hubiera ninguno. ¿Quién sabe?

Para nosotros hoy más que nunca es el momento de quedarse en Cuba y hacer el "más allá" necesario para acabar con la dictadura. Sin embargo, ¿con qué derecho juzgamos? ¿Cómo podemos decirlo desde una computadora o desde un medio de comunicación en Miami? ¿Quién tira la primera piedra?

No hay comentarios: