agosto 28, 2007

La maestra-delegada (a propósito del inicio en Cuba de la "postulación de candidatos".)


Nunca se me olvidará aquella delegada local del Poder Popular en Cuba. No recuerdo su nombre. Me aceptó participar en un reportaje especial para una televisión local en Cuba sobre las diferencias sociales que se recrudecieron en la Isla a partir de 1991. Lo hizo, por supuesto, después de haber hecho todas las consultas de rigor a las autoridades políticas del país.

La idea era presentar el impacto de la crisis económica y de la despenalización del dólar en la vida cotidiana de diferentes sectores de la sociedad cubana. Era el año 1997 y estábamos aprovechando los resquicios que nos dejaba, lo que en mi opinión, fue un obligado “relajamiento” de la política informativa de los medios cubanos ante los convulsos tiempos que vivía el país desde comienzos de los 90.

Ella era una joven negra, de unos 33 años, que ejercía como maestra y que vivía en un minúsculo apartamento en La Habana Vieja. Aquella edificación nunca más había sido pintada desde que fue construida, imagino que hacía ya más de 50 años, y tenía las suficientes grietas en las paredes como para saber que en cualquier momento los burócratas de la vivienda le pusieran el cartelito de “inhabitable”.

Horas antes de visitarla, habíamos entrevistado al dueño de una famosa “paladar” en el Vedado. El se había hecho famoso en su barrio no solo por su exitoso restaurante, sino también por haber contribuido, con su propio dinero, a la pintura de la fachada del edificio de unos tres pisos donde vivía y tenía su negocio. Por eso, la mayoría de sus vecinos estaban muy contentos con él. Por eso, algunos hasta nos comentaron que lo hubieran elegido su “delegado” en caso de haberse podido presentar como candidato al Poder Popular.

Cuando llegamos a casa de la maestra-delegada, lo primero que nos brindó fue un humilde “batido” de plátano que “no tiene leche porque ustedes saben que es muy difícil conseguirla y tampoco hielo porque el refrigerador lo tengo medio roto”, nos dijo como disculpándose. Al momento, comenzamos una de las entrevistas más sinceras en las que haya participado.

Dos cosas nunca se me olvidarán de aquella conversación. Dos ideas que, curiosamente, tenían una gran contradicción entre sí: la primera, su convencimiento de que el trabajo como delegado al Poder Popular representaba la “verdadera democracia” que necesitaba el pueblo cubano. La segunda nos la respondió en una frase lapidaria cuando le preguntamos cómo se las arreglaba para ayudar a solucionar los problemas cotidianos que sufrían los electores a los que ella representaba: “si les soy sincera, no puedo hacer casi nada”.

Por supuesto, esa frase no la pudimos poner en nuestro reportaje. Ella nos lo pidió. Pero nosotros sabíamos que nunca podríamos pasar un material donde se mostraba un ejemplo del fracaso del sistema de gobierno instaurado por los Castro en la propia voz de una sus representantes, mientras el dueño de una “paladar” podía solucionar, con sus propios fondos, lo que el Estado cubano era incapaz de hacer.

El reportaje finalmente se transmitió una vez. No sé si todos los entrevistados pudieron verlo. Sé que a ninguno de ellos nos lo volvimos a encontrar nuevamente. Hoy, no sé si el dueño de la “paladar” siguió “resolviendo” los problemas de sus vecinos. Tampoco sé si la maestra-delegada escaló dentro de la nomenclatura del Poder Popular o si se rindió ante la imposibilidad de cumplir con una parte decisiva para lo que supuestamente sus electores la habían elegido. De lo que sí tengo la seguridad es que 10 años después de aquella entrevista, en Cuba se siguen levantando las manos por “delegados” como aquella “maestra-delegada”.

Gugu.

3 comentarios:

Caminante dijo...

Combustible con la mikada!

Buen paso y camino bonito, que Blog cubano nunca sobra...

Mi enhorabuena.

garrincha dijo...

¡métele, rufino!
feliz blog, really.
congrats pa everybody.

Papucho dijo...

Esta décima de mi primo Migue define mejor el proceso electoral en la isla, ahi les va:

Elecciones en Cuba©

En Cuba las elecciones
son libres y democráticas
pero se tornan simpáticas
en algunas ocaciones.

Nuestras manifestaciones
las toman como una meta
y de manera secreta
unos pasan a votar
pero otros van a pintar
un mojón en la boleta.

Porque lo pintan; no sé
pero es un hecho atrevido
que ya preocupa al Partido
y hasta a el propio Comité.

No hace mucho me enteré
por fuentes de informaciones
que en varias circunscripciones
cuando contaron los datos
!perdieron los candidatos
y ganaron los mojones!